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Mi encuentro con DIOS 

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*Salvos por Su misericordia*


“Él nos salvó, no por las acciones justas que nosotros habíamos hecho, sino por su misericordia. Nos lavó, quitando nuestros pecados, y nos dio un nuevo nacimiento y vida nueva por medio del Espíritu Santo”.

Tito 3:5

*LECTURA DEL DÍA: TITO 3:1-7*


La carta del apóstol Pablo a Tito nos presenta una imagen que cubre el área total de lo que Dios quiere para su iglesia. Tito era un gentil que pastoreaba la iglesia en Creta. La iglesia estaba pasando por un tiempo de dificultades, estaban surgiendo herejías, falsas doctrinas y el apóstol Pablo le escribe para animarlo y aconsejarlo. En el primer capítulo de esta carta encontramos la enseñanza de que la iglesia es una organización y que debe funcionar adecuadamente. En el segundo, habla de que la iglesia debe ser sana en sus doctrinas fundamentadas en la Palabra de Dios. En el tercer capítulo, escribe Pablo acerca de lo que Dios quiere que la iglesia sea y que ésta debe realizar buenas obras.


La primera enseñanza que encontramos en el capítulo 3 de Tito es que los miembros de la iglesia debemos ser personas que obedezcamos la ley, a los gobernantes, a las autoridades. El hecho de que nuestros gobernantes no desempeñen adecuadamente sus funciones, que sean corruptos o que no nos den los servicios, la protección y la ayuda que necesitemos, no nos libera de cumplir nuestras obligaciones como ciudadanos de un país. Cada funcionario dará cuenta de lo que haga o deje de hacer, exponiéndose al juicio de Dios, de la historia y del pueblo. Nosotros hemos sido llamados a participar en toda acción social en favor de los más necesitados. El siguiente llamado es a ser personas amables, mansos, no difamadores ni en contiendas. Evitando también ser insensatos, rebeldes, esclavos del placer, maliciosos, envidiosos o manifestando odio.


Fundamenta el apóstol Pablo algo que no debemos olvidar y por lo cual debemos estar siempre agradecidos: Que la salvación que disfrutamos, la recibimos, no por acciones justas que nosotros hayamos hecho, sino por la bondad y la misericordia de Dios. Por la experiencia maravillosa de haber sido comprados por precio de sangre y por la renovación espiritual que el Espíritu Santo ha hecho en nosotros.

**La misericordia de Dios y mis fracasos*


“Jesús respondió: —Te digo la verdad, Pedro: esta misma noche, antes de que cante el gallo, negarás tres veces que me conoces.”

Mateo 26:34

*LECTURA DEL DÍA: MATEO 26:30-35*


Debido a que somos imperfectos y vivimos en un mundo imperfecto, experimentamos fracasos en la vida. En la Biblia vemos a grandes personajes que fracasaron; podemos hablar de Abraham, Moisés, Pedro, Judas, David, Saúl. Todos tuvieron algún fracaso.


La diferencia entre unos y otros, es que algunos de ellos no optaron por la gracia y la misericordia de Dios. Tal es el caso de Saúl y de Judas, personajes que fallaron, pero no se dieron cuenta, o quizá no quisieron obtener la misericordia de Dios para ser restaurados de su fracaso.


No es el caso de David ni el de Pedro; David tuvo un fracaso monumental, pero lo vemos a la luz de la Palabra de Dios que fue restaurado, que reconoció su pecado, que entendió que le había fallado a Dios, y al confesar su pecado, fue perdonado y restaurado y nunca más volvió a cometer el mismo pecado. Vemos al apóstol Pedro, negó a Jesús, y aunque volvió a la pesca, cuando Jesús le ofreció misericordia, él la aceptó, fue restaurado y se convirtió en uno de los grandes líderes de la Iglesia primitiva. Las tres causas más comunes que nos llevan al fracaso espiritual son:


1. Autosuficiencia. El hecho de creer que podemos con la tentación y pensamos que somos más fuertes de lo que realmente somos.

2. Temor a la desaprobación de los demás. La Biblia dice que temer a lo que dicen los demás es una trampa; a veces estamos más preocupados por lo que dirán los demás, en lugar de estar preocupados en lo que Dios dirá de nosotros.

3. Hablar sin pensar. Es cuando ponemos palabras en nuestra boca antes de ponerlas en nuestra mente. Hablar impulsiva, precipitadamente, sin pensar, es una causa que nos puede llevar al fracaso. ¿Qué podemos hacer? Analiza tu vida y ve por qué has fracasado.


Acepta la misericordia de Dios y recuerda que Él tiene el poder para tomar tus fracasos y convertirlos en bien para tu vida.

*Dios nos ama y nos busca*


“Hace tiempo el SEÑOR le dijo a Israel: «Yo te he amado, pueblo mío, con un amor eterno. Con amor inagotable te acerqué a mí”.

Jeremias 31:3

*LECTURA DEL DÍA: JEREMIAS 31*


Dios nos busca donde estemos, cambia y vuelve a cambiar nuestras circunstancias, trabaja por medio de ellas, alrededor de ellas y, en ocasiones, contra ellas, para captar nuestra atención y atraernos a Él.


La respuesta divina a la ruptura de nuestra relación, hace posible una nueva relación de amor. Él siempre toma el primer paso, procurando atraernos para establecer una relación de amor e intimidad. Puesto que Dios es grande y poderoso, tal vez pensemos que es fácil o insignificante lo que Él hace. Sin embargo, consideremos las tres enormes barreras que existen entre Él y nosotros.


La primera es la barrera del corazón quebrantado. Imagina a Dios, con capacidad infinita precisamente porque Él es Dios. Eso significa también capacidad infinita para sentir el dolor y el rechazo. Ciertamente el quebranto más devastador para el humano apenas empieza a acercarse al quebranto que experimenta Dios. Sin embargo, ¡Dios nos busca!


La segunda es la barrera del rechazo injusto. Es doloroso ser rechazados, cualesquiera que sean las circunstancias, pero el aguijón llega más profundo cuando el rechazo se produce como respuesta al amor.


La tercera es la barrera de la insensibilidad. Cuántas veces decimos o pensamos algo similar de Dios: “Si esto no hubiera sucedido, si Dios no lo hubiera permitido, si se resolvieran mis problemas, entonces quizá tomaría en serio a Dios”.


Su voluntad será siempre perdonarnos y acercarnos a Él. No importa cuántas veces tú le ofendas, Él estará dispuesto a perdonarte si reconoces tu pecado y te arrepientes. Su misericordia es nueva cada mañana y te alcanza.

Porque mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos: Escogería antes estar a la puerta de la casa de mi Dios, que habitar en las moradas de maldad.

Salmo 84;10

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